Sigo sin leer el ante proyecto de Ley de las Comunas. No lo he hecho intencionalmente, pues no quiero caer en la discusión de consideraciones legales o legislativas sobre el asunto; más bien bordear el problema de legalidad y moverme más hacia el fondo del tema. Las formas y maneras importan y la constitucionalidad o no de una ley mucho más, pero este me parece uno de esos casos en donde los árboles no dejan ver la totalidad del bosque.
El problema de fondo es la manera en que se debe organizar el poder local en nuestro país. Ya hemos escrito respecto a lo difícil que me resulta defender el poder Municipal a partir de las muchas veces que he visto, cómo ese poder se relaciona con los grupos comunitarios. Yo creo firmemente que, un análisis serio y calmado de la estructuración político territorial del país, nos lleva a concluir que existe una necesidad real de transformarla. Más allá de la diatriba política, la verdad del asunto es que existe una necesidad imperiosa de establecer una nueva forma de estructurar el poder local o dicho de una manera menos política, “de reorganizar la representación comunitaria”.
El poder municipal en Venezuela tiene grandes deficiencias y francamente me parece débil una defensa de la democracia o la descentralización a partir de la defensa de ese poder. La verdad del asunto es que son estructuras político jurídicas que representan de manera muy poco efectiva el poder local. Esto se debe a muchas razones de orden geográfico, territorial, económico, demográfico, político. Una especialmente notable, es que cubren territorios demasiado extensos, diversos y complejos, por lo cual resulta difícil representar de verdad el poder local.
Frente a esta situación surge un nuevo planteamiento, referido a la creación de un poder “comunal” representado en los “consejos comunales”. Lamentablemente para el país, estas nuevas formas de representación del poder local, nacen en un marco político radicalizado que lleva a unos y a otros a tomar posiciones de defensa o ataques, ambas muchas veces extremas e irracionales. Sin embargo a los que nos gusta observar más allá de la diatriba, nos parecería realmente interesante y productiva una discusión amplia sobre un tema central para la vida futura de nuestro país.
Nuestra experiencia de más de 10 años con organizaciones de base comunitaria, nos hacen ver con buenos ojos la idea de diseñar una nueva forma de representación del poder local. Yo he podido ser testigo del positivo cambio radical –me consta– que sufren los habitantes de un espacio territorial determinado, si se logran establecer verdaderas organizaciones sociales, que representen las necesidades y anhelos de la gente.
Es altamente reconocido por sectores diversos, nacionales e internacionales enfocados en los temas de desarrollo y reducción de pobreza, la importancia de contar con una buena representación local. Nuestro sistema municipal, lamentablemente no ha logrado satisfacer esta necesidad y parece lógico que tratemos de establecer nuevas formas.
Esto no es nada nuevo y de hecho representa la norma político territorial de la mayoría de los países europeos. El sistema de “comunas” en Francia por ejemplo (y así se llaman COMUNAS), es muy antiguo y existen cerca de 37.000 comunas, e independientemente de que hay comunas muy grandes como las de Paris, el promedio de cobertura territorial de una comuna en la nación gala es menor a 10 kilómetros cuadrados y el promedio de habitantes es de apenas 380 por comuna. En España por dar otro ejemplo, hay alrededor de 8.000 Alcaldías y el promedio de habitantes atendidos bajo esa jurisdicción es cercano a los 550 habitantes. Si es cierto que en Venezuela existen registrados unos 15.000 consejos comunales, eso daría una población promedio cercana a 1.600 habitantes atendida por cada Consejo Comunal, lo cual parece bastante razonable, si vemos que Francia y España son los países Europeos con más bajo promedio de habitantes por representación local y que en Italia la media está alrededor de los 2.500.
Si viéramos el problema fuera del sensible contexto político coyuntural, posiblemente tendríamos que aceptar la auténtica necesidad de transformar el viejo modelo de representación local y que los “consejos comunales” agrupados o no, pueden ser una manera interesante de modificar este modelo.
Yo no sé si hará falta en el futuro eliminar el Poder Municipal. Honestamente creo que su trayectoria lo ha convertido en una gran fuente de ineficiencia, burocracia y corrupción. Lo que si me atrevería a apostar, es que transferir mayor poder a lo verdaderamente local, debe dar buenos resultados en el largo plazo. Opino y aconsejo que dejemos de observar estas reformas bajo el prisma de la diatriba y centrémonos en la importancia de fondo que ella puede tener.
Con una organización comunitaria sana, es mucho lo que todos los ciudadanos podemos avanzar y solucionar. Una forma diferente de organizar el poder local puede ser una poderosa herramienta de transformación social. La mayoría de los problemas que ahora vemos como insolubles, entre ellos la delincuencia, el acceso a la vivienda, a la salud, a los servicios financieros, etcétera, pueden ser mucho mejor atendidos, si contamos con eficientes estructuras organizativas comunitarias.
La clave está en conseguir establecer organizaciones comunitarias verdaderamente capaces de lograr esos cambios: Es allí donde el asunto se pone más difícil y se requieren metodologías de intervención distintas a las que hemos ensayado hasta ahora. Pero ese tema lo estaremos tocando en las próximas entregas.
Publicado por "EL MUNDO, Economía & Negocios", diario de Venezuela, el 01/09/10.

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