"Mohamed Yunnus enseñó al mundo que los pobres son financiables.

Nosotros hemos demostrado que son Auto-Financiables..."

SALOMÓN RAYDÁN RIVAS, emprendedor social venezolano de la red Ashoka, creador de los Bankomunales, experto en finanzas populares y presidente de la Fundación de Financiamiento Rural (Fundefir), es egresado de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas con el título de Licenciado en Filosofía; también se graduó como Master in Art en el London School of Economics and Political Science.


Se ha especializado desde hace más de 15 años en la investigación y desarrollo de modelos financieros alternativos, los cuales diseña, perfecciona y promueve desde la presidencia de Fundefir, asociación civil sin fines de lucro encargada de facilitar el acceso de los sectores populares a servicios financieros.


Su labor principal ha sido la creación y aplicación de la metodología de Empresas Financieras Locales de Capital Propio denominada Bankomunales (con “k”). Este es un innovador modelo y programa de micro-financiamiento, que se centra en la utilización exclusiva de fondos aportados por sus miembros para atender las necesidades crediticias de personas con escasos recursos, excluidas de los sistemas formales.


En el año 2001 fue incorporado, en unión a Jean Claude Rodríguez presidente de CAF en España, a la importante y prestigiosa red mundial de emprendedores sociales ASHOKA (www.ashoka.org), enfocando sus esfuerzos personales e institucionales en la sistematización y expansión tanto nacional como internacional de los Bankomunales y a la educación financiera de sectores populares por medios virtuales. La iniciativa de Salomón Raydán, ha cristalizado en por lo menos diez estados de Venezuela, siendo asimismo adaptada y aplicada con éxito en 7 países de 3 continentes.


En el año 2004 Fundefir fue finalista del premio World Development Award del Banco Mundial. En el año 2005 ganó el premio a la “excelencia educativa” otorgado por el Dividendo Voluntario para la Comunidad. En el año 2008 Fundefir recibe el “premio a la excelencia” otorgado por la organización “Venezuela Competitiva” y fue seleccionada finalista de entre cerca de 180 propuestas, de mas de 40 países, en el Concurso Internacional para la Innovación Financiera de Citigroup.


La metodología impulsada por Raydán es calificada internacionalmente como un valioso instrumento para crear ocupación e inclusión, y así obtiene en 2009 un nuevo reconocimiento: el Premio a las Microfinanzas, de la Fundación Giordiano Dell'Amore, con el apoyo de RITMI, la Red Italiana de Microfinazas. Premio europeo otorgado a esta metodología representada, promovida y difundida por Jean Claude Rodriguez en España.


Y ahora, en 2010, Salomón ha sido escogido para globalizar su propuesta, en el marco del concurso Globalizer. Los organizadores revisaron las ideas planteadas por cientos de emprendedores de 70 países y los niveles de desarrollo de las mismas, el panel o jurado calificador encontró aptas y destacadas las 25 propuestas (entre ellas la de Raydán) que tienen mayor potencialidad para su expansión mundial.


Germán Febres Ch.


miércoles 20 de octubre de 2010

El ansia por el crédito: el financiamiento campesino /II


La semana pasada hablé de algunos de los vicios típicos del crédito a los campesinos, especialmente aquel referido al financiamiento por medio de insumos. Esta semana veremos cómo ese ciclo que comienza con la búsqueda de protección o garantía sobre el uso que se da a los fondos, concluye casi siempre en otro ciclo, perverso, que afecta sobre todo a la producción. Inicialmente, los diseñadores del programa de crédito en insumos piensan que si en vez de dinero, otorgan materias o materiales, se abaratan los costos y se evita que los recursos se utilicen en asuntos distintos a la siembra. Pero poco tiempo después se dan cuenta que, al contrario, el modelo genera un ciclo vicioso de corrupción e improductividad (que ya explicamos en el artículo anterior). Ante esta situación comienzan los supuestos correctivos. Superada la irrealidad e ineficacia del financiamiento en insumos, regresan a la idea del financiamiento en dinero, pero tratan de mejorar el sistema de selección de clientes, a fin de otorgar préstamos solo a aquellos campesinos que supuestamente utilizarán los recursos exclusivamente para la producción. Así, desarrollan una serie de mecanismos de control y supervisión que hacen bastante complicado el proceso y que normalmente traen consecuencias muy negativas. El razonamiento casi siempre es el siguiente: para evitar que las decisiones las tomen los funcionarios de bajo nivel, teóricamente más propensos a ser sobornados, se establecen supervisores que eviten la corrupción. De este modo, se sube el nivel de decisión a posiciones de mayor jerarquía. Después de un tiempo, lamentablemente se dan cuenta de que también en ese nivel la corrupción es un problema serio y entonces crean supervisores de supervisores. Así se va complejizando el modelo y la toma de decisiones sobre los créditos a otorgar termina centralizada en las oficinas de mayor jerarquía, llámese oficina central de crédito agrícola, Ministerio de Agricultura u otro nombre. La "oportunidad del dinero" -que el mismo sea recibido específicamente cuando se necesita y no a destiempo-, es un concepto muy importante en el financiamiento de cualquier actividad, pero para el caso agrícola es absolutamente fundamental. No contar con las semillas, los fertilizantes o los insecticidas a tiempo es fatal para la producción, ya que los ciclos atmosféricos requieren tiempos precisos de ejecución. La imposibilidad de conseguir armonizar las entregas de capital y ciclos ambientales, bajo el uso de sistemas de control financiero tan burocráticos, hace prácticamente imposible obtener buenos resultados en el largo plazo. Se podrán tener algunos éxitos parciales, pero el resultado, a la larga, es normalmente escaso, pobre. Por esta experiencia han pasado prácticamente todos los programas de crédito agrícola en Latinoamérica. En Venezuela tuvimos muchos ejemplos realmente importantes. Solo para recordar algunos no tan viejos, nombraremos el Icap y muchos de los programas regionales de financiamiento agrícola. Casi todos probaron con financiamiento en insumos y luego con modelos de supervisión financiera complejos y ninguno obtuvo resultados positivos. Algunos podrán decir que eso ocurrió porque se trató de estructuras corruptas o de un modelo de financiamiento individual y no colectivo, o de productores poco nacionalistas e irresponsables o de prácticas propias de instituciones motivadas por el lucro. Pero la verdad es que casi siempre este modelo ha sido y es usado por ONG sin fines de lucro además de los organismos públicos, con resultados muy similares o iguales. A mi juicio esto ocurrió y volverá a suceder, simplemente porque el diseño del modelo financiero parte de premisas equivocadas. Hay una falta de comprensión de las motivaciones del campesino para acceder al crédito. En la mayoría de los casos, los campesinos, al igual que otros sectores con escasez de recursos, tienen lo que llamo "la ansiedad del crédito", es decir, el deseo de ponerle la mano a un volumen o cantidad de dinero junta, que les permita obtener bienes y servicios que desean, los cuales no pueden adquirir de otra manera. Es allí y no en la necesidad productiva donde yace la ansiedad del crédito, en la inmensa mayoría de estos casos. En segundo lugar, se supone erróneamente que los campesinos necesitan crédito para producir. Esto no es del todo verdad o al menos no debería serlo. El crédito solo es necesario si el campesino va a introducir nueva tecnología, o si va a ampliar la superficie de siembra. Si no va a hacer nada adicional que suponga nuevo financiamiento, el campesino debería poder financiar su actividad con los resultados de la cosecha anterior. Lo que ocurre es que normalmente venden sin prever los elementos inflacionarios y el nuevo financiamiento no es para agregar valor o aumentar la producción, sino simplemente para compensar la inflación. Por ello, para que un nuevo modelo de crédito campesino sea eficaz, logre mejores resultados y tenga éxito, hace falta reconocer estas realidades y utilizarlas en favor de dicho esquema, y no en su contra. No hay que engañarse, esperar que el campesino se comporte de tal manera que no ansíe el acceso a bienes y servicios de mejor calidad, es un error. Para obtener buenos resultados productivos hay que cambiar la visión y trabajar bajo un paradigma distinto. Para ello no se debe financiar la actividad sino el individuo en su realidad y esa realidad supone su deseo de acceder a bienes y servicios que contribuyan a mejorar las muy difíciles condiciones que forman parte de "vivir en y del campo".

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