
Este año se cumplen ya 11 años del surgimiento de los primeros Bankomunales en el estado nueva Esparta. Es más de una década de hermoso trabajo, que nos ha permitido aprender mucho sobre los temas relacionados con las finanzas populares y respecto de los asuntos de convivencia comunitaria. También nos permitió encontrar nuestro rol y ubicación en el ámbito de la acción social y definir nuestra ocupación como la de emprendedores sociales.
Yo había decidido dedicar mi vida al trabajo comunitario y convencí a mi familia para que nos mudáramos a Margarita, donde me parecía más viable llevar a cabo un proyecto social, especialmente por los problemas de costo y de seguridad, pues sabía que muchas de las tareas debía realizarlas de noche en comunidades apartadas.
La seguridad sigue siendo un tema complejo para poder realizar tareas de tipo social y comunitario. Los mejores líderes sociales, aquellos que definitivamente ayudan a impulsar proyectos de verdadero impacto en las comunidades, normalmente son personas muy ocupadas, que se ganan la vida trabajando duro y por lo tanto su tiempo para ocuparse del trabajo comunitario, es limitado, muchas veces demasiado limitado. Trabajar con estos grupos supone que uno debe adaptarse a su disponibilidad de tiempo. Generalmente esto sólo puede ocurrir en las noches y hay muchas zonas del país donde parece que los ciudadanos le hemos entregado las calles a los delincuentes, especialmente al ocultarse el sol.
Recuerdo, por ejemplo, cuando comenzamos a trabajar en Nueva Esparta mi esposa y yo. Normalmente, primero la trasladaba a ella a una comunidad, mientras yo luego atendía a otro grupo en otra zona y horas más tarde, a las 10:00 u 11:00 pm, la pasaba buscando para irnos nuevamente a Porlamar, donde vivíamos.
También recuerdo perfectamente haber trabajado en el estado Sucre, especialmente en la zona de Paria, hasta muy tarde en la noche y sentirme totalmente confiado. En ocasiones lo hacía en Güiria hasta las 10:00 de la noche y regresaba sólo en mi carro hasta Río Caribe, porque al otro día debía atender allí algún asunto adicional. Nunca sentí temor de hacer esas cosas; sin embargo, hace poco estuve de nuevo y la misma gente de las comunidades me aconsejaba que no trabajara después de las 6:00 de la tarde y que no me moviera entre los pueblos.
La zona que siempre consideramos peligrosa era de algunos barrios de Caracas y sectores del estado Zulia, donde el riesgo de los secuestros ha sido algo permanente. Pero en el resto nos sentíamos relativamente seguros trabajando hasta largas horas de la noche. Era muy importante adaptarnos a la disponibilidad de las personas y mucha gente trabajadora sólo puede ocuparse de esos asuntos en horas nocturnas. Siempre he desconfiado de los líderes de oficio, que son los que están disponibles a cualquier hora, porque no hacen otra cosa que estar pendientes de las oportunidades clientelares.
La otra manera en que vemos cómo el tema de la inseguridad está afectando a los propios Bankomunales y al trabajo social en general, es en las reuniones de asamblea. Un aspecto típico de nuestro modelo es que se busca estimular la participación comunitaria mediante la realización de asambleas entre todos los socios. Es una parte central del modelo, pues es allí donde mejor se convierte el capital financiero en capital social. Aquí se dan las discusiones sobre los temas financieros y comunitarios. Se aprende a convivir, a discutir y a llegar a acuerdos sobre temas de su organización que son fácilmente transferibles al resto de los temas comunitarios.
Estas reuniones normalmente facilitan la convivencia y si bien algunos sólo cumplen una exigencia del Bankomunal, otros dedican su atención y tiempo a compartir como vecinos.
Lamentablemente, éstas se han convertido en reuniones mucho más cortas y la excusa que ponen los asistentes es que ya no se sienten seguros quedándose hasta tarde.
Nosotros, como promotores del modelo, nos hemos visto obligados a desarrollar otro tipo de método de atención, que si bien es cierto no responde exclusivamente a los temas de seguridad sino a los de eficiencia en el uso de los recursos, encuentra en el problema de la inseguridad uno de los componentes más difíciles de superar.
Por supuesto que no vemos el tema de la inseguridad como netamente tema policial y no creemos que con la simple represión a la delincuencia ésta se vaya a acabar. Pero es precisamente por eso, porque la delincuencia no es simplemente un asunto que se soluciona mediante la represión sino el reflejo de condiciones sociales mucho más profundas, que debemos reflexionar y revisar lo que está pasando.
Este no es un tema menor y su peso sobre el mantenimiento de los estados de discriminación y exclusión son comprobablemente fuertes.

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