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"Yunus enseño al mundo que los pobres eran financiables, nosotros que son autofinanciables"

22 mar. 2015

"Los pobres son autofinanciables". Entrevista a Salomón Raydán


Tomado del Diario Panorama
Por: Juan Pablo Crespo// jcrespo@panodi.com. 03:12 PM 21/03/2015
La "otra microfinanza" se abre paso en Venezuela y otros países de Latinoamérica a través de los bankomunales, una propuesta que aprovecha mecanismos informales de amplio uso como el san o la bolsa para que los miembros de comunidades puedan  acceder a servicios financieros de un manera eficiente, segura y rentable.
Tan eficiente y rentable para todas las partes que, por ejemplo, la morosidad es prácticamente cero, un problema que para la banca privada y otros mecanismo de microfinanza públicos y privados representa un dolor de cabeza, a veces a nivel de cefalea.
 
El creador de los bankomunales (con k), es el venezolano Salomón Raydán, un emprendedor social cuya propuesta le valió el año pasado ser uno de los finalistas del concurso latinoamericano Innovadores de América.
Muchos pensarán que los bankomunales tienen mucho que ver con lo planteado por Muhammad Yunus, quien en 2006 ganó el premio Nobel de la Paz por su trabajo desarrollado a través de su creación conocida como el Banco de los Pobres. Pero como el mismo Raydán lo explicó, no es así, pues las únicas similitudes radican en los pequeños montos y plazos. “Nosotros promovemos un movimiento global que llamamos La otra microfinanza, porque no está basada en la bancarización (...). Desde hace casi 15 años venimos repitiendo que el profesor Yunus enseñó que los pobres son financiables y nosotros que son autofinanciables”, señaló Raydán, un licenciado en filosofía (Universidad Católica Andrés Bello) con máster en el “London School of Economics and Political Science”.
—¿A qué atribuye el éxito del modelo de autogestión financiera denominado bankomunales? 
—En que los fondos pertenecen a la propia gente y eso hace que exista un especial cuidado en asegurarse que sean prestados a las personas correctas, para las actividades correctas. Naturalmente, hay otras cosas de relevancia como, por ejemplo, el proceso educativo que se desarrolla a partir de la experiencia de participar en el bankomunal. Recuerda que nunca nos definimos como un programa financiero, sino básicamente como un programa educativo.
—¿Cuál es el perfil de las actividades o proyectos más comunes que se financian a parir de los bankomunales? 
—Los bankomunales están diseñados para pequeños plazos y montos bajos. Eso hace que las actividades que se financian sean acorde con esos montos. En sus inicios, un bankomunal financia un 35% de sus créditos para actividades generadoras de ingresos: Pequeñas empresas, comercios, reparación y adquisición de herramientas, etc. Otro 30% se va normalmente en lo que llamamos mejora de vivienda: Compra de baldosas, tanques de agua, mejora de techos, etc. Otro 20% se van en actividades de consumo básico, especialmente medicinas, pago de consultas médicas, vestimenta, etc. Y otro 15% se va en lo que llamamos capitalización familiar, eso es compra de electrodomésticos, útiles y matrículas escolares, etc. Con el tiempo, cuando el bankomunal tenga más capital, esos porcentajes variarán un poco y más dinero será destinado para las pequeñas empresas, pues los capitales le son más atractivos y seguramente menos hacia la mejora y reparación de vivienda, pues ya muchas de esas necesidades se van satisfaciendo.  
—Este modelo que usted propone, ¿en qué se parece y en qué se diferencia de los microcréditos de Muhammad Yunus, fundador del Banco de los Pobres, trabajo que le valió el premio Nobel de la Paz en 2006?
—Se parece en que se trata de pequeños montos y pequeños plazos, pero no mucho más que eso. El profesor Yunus centró su movimiento de las microfinanzas en la bancarización de los pobres. Eso pasó hace 40 años y aún más del 80% de las transacciones financieras ocurren a través de mecanismos informales. Nuestra posición es que dentro de esos mecanismos informales existen unos perversos y terribles para la gente, pero existen otros asociativos de amplio uso, como por ejemplo el san o el susu, que en vez de criminalizarlos, los podemos mejorar para que la gente cuente con instrumentos mucho más seguros, rentables y eficientes de atender la necesidad de acceder a servicios financieros. Por eso, nosotros promovemos un movimiento global que llamamos La otra microfinanza, porque no está basada en la bancarización, sino en la mejora de los mecanismos informales que la gente ha utilizado por siglos. Desde hace casi 15 años venimos repitiendo que el profesor Yunus enseñó que los pobres son financiables y nosotros que son autofinanciables. 
  —¿Qué ventajas tienen los mecanismos como los de bankomunales en comparación con la banca tradicional? 
—Tienen ventajas y desventajas. Recordemos que los bankomunales son un mecanismo que busca atender las necesidades más básicas de acceso a servicios financieros, a donde la banca le cuesta llegar y, si lo hace, normalmente lo hace a  costos muy altos. A mi juicio, la ventaja más importante que tienen los bankomunales es que actúan como un mecanismo estabilizador del ingreso. La pobreza no la define solamente la carencia de ingresos, sino su irregularidad. En este sentido, el bankomunal opera como un mecanismo local y eficiente de capturar excedentes cuando la gente lo tiene y de entregar capital en forma de crédito, cuando la gente lo necesite. Así se evita que una familia, por alguna circunstancia, como una enfermedad o accidente, deje de producir un tiempo y no por ello debe caer en la miseria. Si esa familia o ese miembro de la familia ha estado invirtiendo en su bankomunal, seguramente encontrará los créditos para salir del apuro y poder volver a generar ingresos en el corto plazo.
  —¿En cuántos estados y cuántas comunidades están presente en Venezuela y otros países?  
—Nosotros hemos desarrollado más de 500 grupos en unos veinte países, pero esto no ha sido más que ensayos metodológicos. Ahora estamos tratando de abrir redes más grandes en espacios geográficos específicos, probando un nuevo modelo de expansión. En estos momentos desarrollamos un proyecto en alianza con la Unión Europea en Venezuela y estamos negociando con la Iniciativa de Innovación Social de la CAF una propuesta de expansión a cinco países latinoamericanos.
  —¿Qué puede explicar de la tasa de morosidad en el caso de los bankomunales? 
—Eso es para nosotros ´clavo pasao ´. La morosidad es tan baja que no significa problema alguno. Mientras los programas tradicionales de microcréditos públicos y privados se matan por resolver ese problema, para nosotros esto lo resuelve la comunidad. Si los reales son de ellos, van a ser muy cuidadoso en colocarlos y más cuidadosos en recogerlos.
—¿Qué recomienda a las comunidades que quieran poner en marcha la otra microfinanza, pero no saben cómo arrancar ni cómo sostener el proyecto? 
—Esa es una pregunta que me cuesta responder, porque la verdad es que la respuesta no me gusta. Nosotros solo ejecutamos proyectos donde tenemos aliados serios y responsables que nos ayuden a llevar adelanta esta iniciativa como un programa y no como un proyecto aislado. A mí me da pena decirle a una comunidad en específico que no la podemos ayudar en ese momento, pero la verdad no es conveniente hacer una sola comunidad, sin los soportes que se necesitan para poder sacar el mayor potencial de impacto. Nuestros programas son con aliados responsables que nos garantizan calidad en el trabajo y no en todos lados contamos con esos aliados. En Nueva Esparta, el programa lo desarrolla Fundefir y tiene como aliados a la Cámara de Comercio del estado, La Universidad Corporativa de Sigo y la organización Voces Vitales, que se encarga del enfoque de género. En República Dominicana lo hacemos en alianza con Radio Marién, una organización de mucho prestigio en la zona fronteriza. Otro gran aliado con el cual estamos comenzando a trabajar en Venezuela es Fe y Alegría y, posiblemente, repitamos esta experiencia en Argentina. La verdad no trabajamos con una comunidad como tal, sino que desarrollamos programas que involucren un importante número de comunidades.

 

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