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"Yunus enseño al mundo que los pobres eran financiables, nosotros que son autofinanciables"

13 sept. 2015

¿Son transparentes las Microfinanza?. Capítulo 1

 Finanzas sociales, microfinanzas 
Por : Javier M. Cavanna

El 30 de marzo pasado Chuck Waterfield, CEO de MicroFinance Transparency (MFT), la institución que durante los últimos siete años ha estado impulsando la transparencia publicando información sobre las tasas de interés de las instituciones microfinancieras (IMF) anunció públicamente su cierre.

Curiosamente el motivo para arrojar la toalla no se ha debido, principalmente, a la falta de fondos, que suele ser la causa habitual por la que este tipo de instituciones independientes abandonan sus esfuerzos.
En el completísimo informe (174 páginas) en el que se detalla el trabajo de estos siete años (Advocating transparent pricing in microfinance: a review of MFTransparency’s work and a proposed future path for the industry, Chuck Waterfield, MicroFinance Transparency, 15 julio 2015), Waterfield justificaba su decisión no en la ausencia de recursos, sino en la falta de colaboración por parte de las IMF.
Si bien algunas organizaciones respondieron positivamente proporcionando información sobre sus tasas de interés, un número significativo de IMF se ha negado a revelar o actualizar los datos basándose en dos motivos fundamentales.
El primero es el temor a las reacciones negativas por parte de los políticos y de la opinión pública. Como es sabido, las tasas de interés de las IMF son bastante altas y no todo el mundo comprende bien los motivos.
La segunda razón se basa en las dudas que tienen algunas IMF en quedar aisladas en sus esfuerzos por ser transparentes. ¿Si los demás no dan un paso adelante por qué he de darlo yo?, se preguntan.
Existe o, más bien, podría existir un incentivo muy potente para forzar a las IMF a ser transparentes en la publicación de sus tasas de interés, y es que los financiadores se lo exigiesen.
Pero este incentivo tampoco ha funcionado: “En estos años, hemos visto muy pocos cambios en las políticas de fijación de las tasas de interés de las IMF y hemos comprobado que es un tema que no parece tener mucha influencia en los financiadores y redes internacionales a la hora de seleccionar a sus socios”.
Esta reflexión es muy grave porque parece sugerir que los principales inversores públicos y privados en el sector de las microfinanzas (organismos multilaterales, agencias de desarrollo, fondos de inversión, fundaciones privadas, etc.) no están preocupados realmente por las tasas de interés que las instituciones cobran a sus clientes.
Si eso es así, y no hay por qué dudarlo, supondría que los actuales financiadores sólo están interesados por los resultados financieros y no por el objetivo social de las microfinanzas, lo que supondría tanto como levantar el acta de defunción de este sector.
A raíz del cierre de MFT muchos se preguntan si su desaparición no supone un reconocimiento público del fracaso por impulsar la transparencia en el sector de las microfinanzas.
¿Por qué son tan importantes las tasas de interés en las microfinanzas?
En esta última década se han llevado a cabo bastantes estudios para tratar de analizar si las tasas de interés que pagan los clientes de las IMF son razonables. Son varias las razones que justifican este interés.
1) Equilibrar el objetivo social y financiero
Probablemente en ningún otro sector, como en el de las microfinanzas, son tan intensas las tensiones entre la misión y el modelo de financiación. Tradicionalmente la atención a las poblaciones vulnerables se ha apoyado siempre en el subsidio de los servicios prestados debido a la falta de capacidad de pago de esas poblaciones. Sin embargo a mediados de los setenta surgieron, en Asia y América Latina, las primeras iniciativas en el ámbito de las microfinanzas (Grameen Bank, en Bangladesh, y Acción Internacional, en Brasil) que comenzaron a cuestionar este enfoque.
La metodología microcrediticia, simplificando mucho la realidad, no pone el acento en la falta de capacidad de pago de las poblaciones con pocos recursos para pagar por los servicios financieros sino en la falta de adecuación de éstos para atender adecuadamente a este tipo de “clientes”.
El problema no se encuentra en la falta de recursos de esas poblaciones sino en el diseño de los productos existentes. Los créditos, y demás productos financieros, están concebidos para clientes que cuentan con garantías personales o reales para responder de un posible impago y por importes que permitiesen cubrir los costos administrativos de los bancos. Los pobres, sin embargo, no suelen contar con esas garantías y las necesidades de financiación son muy inferiores a los importes que suelen conceder los bancos.
Ante esta situación, para resolver sus problemas de liquidez, las poblaciones de bajos recursos acuden a los prestamistas informales o usureros que, si bien se adaptan a las necesidades de estas poblaciones prestándoles pequeñas cantidades y no exigiéndoles garantías, a cambio les imponen unas tasas de interés exorbitantes.
El éxito de las primeras instituciones de microcrédito consistió, precisamente, en superar estas barreras desarrollando una nueva metodología que no se apoyaba en las garantías reales de la banca tradicional, sino en el aval de la comunidad, prestando en plazos muy cortos pequeñas cantidades de dinero a los microempresarios, adecuadas al flujo de fondos que generan sus pequeños negocios, y cobrando unas tasas de interés que permitían cubrir los costes de las operaciones crediticias, tasas que se encontraban por encima de la banca tradicional pero bastante por debajo de las cobradas por los usureros.
Si bien nadie discute hoy en día la necesidad de que las IMF sean sostenibles, y no dependan de los subsidios o donaciones para mantenerse, el problema está en determinar el grado de equilibrio que se considera adecuado para unas organizaciones que tienen que hacer compatible su rentabilidad económica y su fin social.
2) Tasas y costes
Las tasas deben ser suficientemente altas para facilitar la sostenibilidad de la institución cubriendo todos los costes y, al mismo tiempo, consistentes con la misión social de estas organizaciones. Los principales costes que debe cubrir la tasa de interés son los siguientes: gastos administrativos, coste de los recursos, pérdidas de préstamos y ganancias.
Gastos administrativos se refieren a todos los costes asociados a la prestación de los servicios: sueldos del personal, equipamiento, gastos de desplazamiento, luz, amortización de equipos, etc. Esta es la partida más importante en los costes de una IMF.
Como es sabido, el costo de otorgar un crédito a los sectores de bajos recursos es mayor que el de los créditos tradicionales. La razón se debe a que la prestación de estos servicios se realiza en condiciones muy complejas: los clientes no tienen historial crediticio; la mayoría trabajan en el sector informal; la población está muy dispersa y es difícil de ubicar; es muy intensivo en mano de obra, ya que el análisis depende mucho del conocimiento empírico de los oficiales de crédito que, además, deben desplazarse a los lugares de trabajo de los clientes, etc.
El coste de los recursos es el precio que la institución paga o debería pagar por obtener los recursos que luego prestará a sus clientes. Aunque la institución reciba los recursos gratuitamente, si quiere ser sostenible en el futuro y no depender de donaciones o subsidios, debe incluir este coste en el cálculo de su tasa de interés.
El coste asociado a las pérdidas de préstamos comprende todos los gastos y las provisiones por créditos fallidos o en mora que la institución debe realizar cuando estima que no podrá recuperarlos total o parcialmente. Este coste suele expresarse como un porcentaje de la cartera total de préstamos. Las instituciones microfinancieras eficaces suelen tener porcentajes inferiores al 3%.
Por último, las ganancias se refieren al beneficio neto que la institución necesita para seguir creciendo. Como es natural, este es el costo que presenta más dificultades de justificar desde el punto de vista del cumplimiento del objetivo social. El cobro de las tasas de interés es el precio que pagan los clientes por el servicio que obtienen y, si bien resulta razonable que éste cubra los costos anteriores, la decisión sobre las ganancias, ya sea para constituir reservas o repartir dividendos entre los accionistas, es más compleja de explicar.
La oferta pública de acciones de la IMF mexicana Compartamos en el 2007 no ha hecho sino confirmar las dudas y suspicacias que suscitan algunos casos de ganancias excesivas por parte de los directivos de las IMF y de sus accionistas (Vid. Banco Compartamos: un éxito muy cuestionado), algunos de ellos instituciones muy reconocidas y pioneras en el campo de las microfinanzas.
3) Las diferencias en las tasas de interés
El problema con las tasas de interés se agudizó cuando se comenzó a disponer de información fiable y comparable sobre las distintas tasas de interés que cargan las IMF a sus clientes. A partir de ese momento, algunos expertos comenzaron a cuestionar las enormes diferencias que existen entre las mismas y el compromiso social de algunas IMF.
En el Gráfico 1 se pueden apreciar las grandes variaciones de interés de los microcréditos entre países. Como se puede ver, el promedio se sitúa en un 35%, pero en Uzbekistán se encuentra por encima del 85% y en Sri Lanka está cercana al 17%.
La principal explicación que se da para justificar estas diferencias es el tamaño de los préstamos. En efecto, como es sabido, la tasa de interés está inversamente relacionada con la cantidad prestada: si el costo de otorgar el préstamo es similar, prestar una cantidad más pequeña conlleva una tasa de interés más alta.
Esta explicación, que resultaba bastante razonable, impulsó a Chuck Waterfield a estudiar con más detalle la posible correlación entre el monto de los créditos y las tasas de interés cobradas a los clientes.

En el año 2007 presentó sus conclusiones en una conferencia que tuvo lugar en Santo Domingo. Como se puede apreciar en la siguiente gráfica, que recoge información de 59 IMF filipinas, aunque existe una correlación entre el saldo promedio de los préstamos (Average Loan Balance) y los rendimientos de la cartera (Porfolio Yield), el tamaño de los préstamos es sólo uno de los factores que explican las diferencias entre las tasas promedio de interés.
 Una de las razones que puede explicar las diferencias se encuentra en los costes de personal, que difieren sustancialmente de un país a otro. Así, por ejemplo, el salario medio de un oficial de crédito latinoamericano en el año 2008 era, aproximadamente, de 12.300 dólares anuales mientras que el costo promedio por empleado en una institución de microfinanzas asiática era de 2.336 dólares.
Los empleados asiáticos, sin embargo, están mejor pagados en términos comparativos: el salario de 12.300 equivale a 1,6 veces el PNB per cápita en México, mientras que el personal asiático es 3,2 veces el PNB per cápita.
Otro de los elementos que puede contribuir sustancialmente a modificar los rendimientos de la cartera de préstamos es el coste de los recursos. No es infrecuente que en muchos países, por razones políticas, la actividad microcrediticia esté en manos de entidades públicas que prestan a las poblaciones vulnerables a tasas preferenciales o que subsidien a las IMF privadas, prestándoles dinero a tasas muy bajas, obligándolas a no superar determinados topes en sus préstamos. Cuestión aparte es si este tipo de medidas contribuye o no a distorsionar el mercado.
No parece que tenga mucho sentido comparar las tasas de interés entre países con circunstancias y condiciones económicas tan diferentes, pero si puede tenerlo comparar las tasas entre IMF que operan en mercados similares. Si los clientes disponen de una información transparente sobre las mismas, estarán en condiciones de elegir la mejor oferta. No puede hablarse de verdadera competencia, cuando no hay información transparente sobre los precios.
Por otra parte, la publicación de esa información, además, contribuirá a mejorar la productividad y eficacia de las IMF, lo que redundará en mejores precios y servicios para sus clientes.
En este sentido, hay dos medidas relacionadas con los costes de personal y el coste de los recursos que la institución puede tomar para disminuirlos y que esa reducción tenga incidencia en una bajada de las tasas de interés.
La primera es mejorar su productividad, siendo más eficiente en las operaciones, lo que producirá una disminución de los gastos administrativos y en los costes asociados a los préstamos perdidos.
Si la institución consigue que sus oficiales de crédito aumenten la cifra de préstamos gestionados y que el porcentaje de pérdida de estos disminuya gracias a un buen análisis del riesgo los gastos administrativos y los costes por pérdidas pueden disminuir sensiblemente.
La otra opción para reducir los gastos consiste en captar el ahorro de los clientes, que suele ser una fuente de recursos externos más barata que los préstamos de los financiadores. Esta es una decisión muy importante en una institución microcrediticia, pues supone rediseñar sus operaciones para poder ofrecer este nuevo servicio financiero.
Muchas de las grandes IMF existentes, que comenzaron como instituciones no lucrativas, han dado este paso transformándose en instituciones reguladas, pues para poder captar ahorros del público se exige que cumplir con un determinado marco jurídico y estar sometidas al control del órgano de supervisión bancaria correspondiente.
Pero más allá de las causas o medidas que pueden incidir en los costes, el gráfico de Waterfield sirvió para que mucha gente empezase a centrar la atención en las diferencias entre las tasas de interés y, también, dejó muy claro que los clientes más pobres, que son los que reciben los préstamos más pequeños, son los que soportan las tasas de interés más altas, como se puede comprobar por la curva del gráfico y, probablemente, los que contribuyen a los márgenes más altos para la institución.
Esta información era un dato que las IMF no siempre hacían público y que ponía en cuestión la eficacia de las microfinanzas tras tres décadas de actividad. Los datos eran tan relevantes que Waterfield, junto con dos colegas -Tony Sheldon y Howard Brady-,  decidió  anunciar el lanzamiento de MFTransparency, con el aval de Mohamed Yunus, en la reunión del Microcredit Summit en Balí en abril de 2008 ante 1.200 asistentes. La curva del gráfico resultaba tan elocuente para describir la situación actual de las microfinanzas que Waterfield decidió incorporarla en el logo de MFT
Tras el encuentro de Bali quedó claro para todos los asistentes que impulsar la transparencia de las tasas de interés era un objetivo prioritario si se quería consolidar la industria de las microfinanzas y asegurar que los clientes tuviesen una información clara y veraz sobre el precio que estaban pagando. Lo que estaba en juego, en palabras de Waterfield, era “discernir entre unas microfinanzas responsables y unas microfinanzas oportunistas”.

Nota: Pronto el Capitulo 2 de este estudio,

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