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"Yunus enseño al mundo que los pobres eran financiables, nosotros que son autofinanciables"

15 oct. 2015

María la Bachaquera


Salomón Raydán
 A mi hermana con mucha ternura
pues realmente cree
que María es la culpable
La reunión comienza con los saludos de siempre. Hace tiempo que no me reúno con los grupos y de inmediato siento la calidez de la gente.
–Salomón, estás buenmozo. Te ha sentado bien el frío –dice Amada mientras me da un abrazo que borra el tiempo transcurrido.
Son hombres y mujeres que conozco hace casi veinte años, desde que los Bankomunales eran apenas un ensayo en Macanao. La reunión transcurre entre mis repetidos chistes y las risas algo cansadas de la gente. Pero entre broma y broma, perfilamos nuestros planes para el próximo año. Una carta mía un poco desesperada, prendió las alarmas sobre la inflación y la pérdida de valor de los fondos, que con tanto empeño han logrado acumular en todos estos años. Ahora estamos allí, para juntos pensar cómo enfrentar esta situación tan complicada
–Coño, salomón, la cosa está muy difícil –me dice Juan, un viejo líder de la Sierra, que he visto madurar en sabiduría y tolerancia.
Pronto me doy cuenta de que las voces contienen cada vez más quejas y menos ilusiones. Pero yo he venido desde lejos a sembrar esperanzas y no lamentos. Allí están los emprendedores de siempre. Hombres y mujeres a los cuales debemos que los Bankomunales sean sueño en veinte países de cuatro continentes.

A muchas las vi pasar de amas de casa a empresarias. «Útil para mi marido, mis hijos y mi comunidad», como me vociferó Rosa con mucho orgullo una tarde de sal y pescao en el muellede Robledal. 
María (oculto su verdadero nombre) siempre fue risueña y enormemente inteligente. La acompaña ese talante hermoso de la gente simple margariteña, mezcla de agudeza  y confianza desbordada.
–¿Cómo estás mujer? ¿Cómo están los hijos y el flojo de tu marido?–le pregunto mientras la apretujo con afecto. Ella responde el cariño con una risa blanca y desbordante como espuma de mar. Me abraza largo y penetrante, pero no dice palabra. La tristeza en su mirada se me clava en el pecho y de inmediato pienso en alguna de esas enfermedades de mierda que cada día me asustan más.
Me separo de ella mientras saludo a otros compañeros, pero no me abandona su mudez desconocida.Cuando la reunión me lo permite, regreso y me siento a su lado. Me ve y me regala una mirada enmudecida.
–¿Pasa algo malo?–le pregunto. Ella hace una mueca con los labios y me aprieta las manos. Noto que está a punto de lágrimas y me paraliza el miedo a que me nombre alguna vaina que suene a carcinoma.
–No, miiijoooo. No pasa nada…–pero la conozco de muchos años e insisto en la pregunta. Ella me ve y me separa del grupo. Me lleva hacia un espacio solitario y siento cómo crece la ansiedad en mi costado. Ahora sé que me espera una noticia desgraciada.
–¿Como está la bodega?–alcanzo a preguntarle con la esperanza de borrar la aprensión. El silencio es largo y el apretón de la mano me pone aun más nervioso.  De repente se llena de coraje y me suelta sin tapujos.
Es que ahora soy Bachaquera, Salomón.
Siento su vergüenza como un latigazo frío, pero su confesión es tan inesperada, que no me sale más que:
–¿Bachaquera? ¿Cómo Bachaquera?¿Y la bodega?
–Es que no puedo hacer otra cosa, Salomón–continúa mientras me abandona el miedo y me surge un alivio incontenible. «Bachaquera» me resuena en la cabeza.
–Es la única manera de tener cosas que vender en la bodega. Ya no llega mercancía. No llegan los camiones, nadie trae nada. Si salgo a comprar no consigo como antes y ahora lo único que puedo hacer es «bachaquear», mijoo, para poder vender algo.
Me brota una mezcla de rabia y dolor. Las lágrimas ahora están de mi lado. Su vergüenza me indigna y comprendo lo profundo de su pena. No encuentro qué decirle. Ridículamente apenas alcanzo a balbucear.
–Esto es una mierda–y me alejo aturdido. Únicamente se queda conmigo la  sensación de dolor y de arrechera.
Yo tampoco entiendo nada, María. Sólo sé que no eres la culpable, ni debe ser tuya la vergüenza.

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2 comentarios:

  1. La ternura tendrás que compartirla con el 73% de la población Venezolana, que según todas las encuestas son culpables los Bachaqueros (personajes que compran productos regulados y los revenden con un 500% de ganancias), así dará de plata esa bodeguita!!!!!

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  2. Según algunos representantes de la oposición los Bachaqueros son grandes Emprendedores, tienen el negocio muy claro.

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